En Dialéctica negativa (1966), Adorno llama «Apología de la estructura perversa» a las exigencias de la Ley moral kantiana que, como vimos, funda el sentido moderno de Ley.
Según esta «estructura perversa» el yo tiene la exigencia de controlar la espontaneidad hasta aniquilara (condición para ser, según Kant, libres) sin ser conscientes del estado de sujeción impuesto por la propia conciencia. En la neurosis obsesiva, según Adorno, se revela dicho estado de sujeción: la actuación según leyes se experimenta «como extraña al yo», es decir, como no libre. En el sufrimiento neurótico se revela la falta de libertad del yo, aunque en la neurosis el sujeto no se da cuenta que la neurosis le demuestra al yo su no libertad en la imposibilidad de dominar la naturaleza interna (es decir, aquello que pertenece al ámbito de la sensibilidad, de la espontaneidad, de lo que no puede derivarse una Ley universal. Esto es, la subjetividad).
En el texto «Contradicciones» de Dialéctica de la Ilustración, pensamos, debe entenderse el uso del calificativo «neurótico» en ese sentido pero en modo figurativo. Es decir, es figurativo porque el interlocutor neurótico se da cuenta de su estado de no libertad y, por eso, «debe hacer una fuerza sobrehumana para no curarse».
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