III, 1
La determinación de lo que es voluntario y de lo que no lo es constituye un criterio para establecer castigos y recompensas.
La ignorancia y la violencia son determinantes de actos involuntarios pero es necesario analizar las condiciones de la acción particular y no es posible establecer un criterio a priori general.
Las acciones realizadas con el fin de evitar males mayores son voluntarias porque son «deliberadamente queridas», aún en el caso en que el acto esté determinado por una circunstancia en la cual un agente externo al sujeto de la acción imponga condiciones por la fuerza. Es decir que un acto puede ser voluntario aunque no se tenga el deseo de realizarlo y se lo realiza por una causa que ejerce su fuerza en determinadas circunstancias. En tales casos los actos pueden juzgarse como reprobables pero merecen el perdón porque van más allá de las fuerzas humanas y el agente no realizó el acto por sí mismo sino en vistas a otro fin. Decir que no se actuó de forma voluntaria bajo la presión de las circunstancias sería negar la libertad humana. Un acto involuntario realizado por la fuerza es aquel sobre el cual no tenemos ningún poder de decisión.
Según Aristóteles todos los actos realizados por ignorancia son involuntarios. Sin embargo hay un tipo especial de ignorancia que podría calificarse como voluntaria y para estos casos el estagirita utiliza la expresión «obrar sin saber lo que se hace». Esto permite distinguir los casos en los que se obra por ignorancia (siempre involuntaria) de los casos en los que se actúa en estado de ignorancia. El primer caso es disculpable mientras que el segundo no lo es porque el individuo podría haber evitado estar en ese estado de ignorancia.
Es posible distinguir, no obstante, dentro de los actos en los cuales el individuo actúa en estado de ignorancia responsable (es responsable porque él debe conocerse a sí mismo y ocuparse de conocer las circunstancias de su acción) actos involuntarios y actos voluntarios. Cuando un agente realiza un acto ignorando determinadas condiciones y luego, al (re)conocerlas, se arrepiente, puede decirse que si bien ha de hacerse responsable de su estado de ignorancia y asumir las consecuencias de sus actos, su acción puede ser comprensible y disculpable. Pero si a un sujeto se le señalan aspectos de su acción que ha ignorado y no existe un reconocimiento de su parte, su acción es despreciable; no siente pena ni arrepentimiento por lo que ignoró y de lo cual es responsable, su ignorancia no es la causa de su mala acción sino de su maldad:«Todo hombre malo ignora lo que hay que hacer y aquello de que hay que abstenerse». Las acciones realizadas bajo el impulso de una pasión son, según nuestro autor, voluntarias porque somos responsables de dejarnos llevar por nuestras pasiones aunque no seamos responsables de experimentarlas. Quien ignora las circunstancias de su acción se ignora a sí mismo.
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